Desde hace cuatro años me dedico a esta profesión tan maravillosa y denostada/alabada a partes iguales que es la educación. Cuando era un alumno, aprendía como podía todo aquello que el profesor me dictaba, aunque en lo que se refiere a explicar, bastantes me explicaron las materias y esos fueron los mejores. Después de memorizarlo, lo soltaba con mejor o peor fortuna en un examen sin haber comprendido la trascendencia ni la importancia de esos contenidos a los que había dedicado unas horas de mi vida. Con el tiempo, ya con el B.U.P., el C.O.U. y la carrera aprobados, por curiosidad propia me di cuenta de que aquellos Reinos Cristianos de la Edad Media que no conseguía entender fueron el germen del Estado autonómico actual, que esta situación se vio reforzada por la decisión de los Reyes Católicos de gobernar como soberanos únicos los distintos reinos de la península, pero permitir que cada uno de ellos fuera un reino independiente: un rey para varios reinos. No entendí muy bien qué supuso la llegada de Felipe V a España, el primer Borbón, y sus Decretos de Nueva Planta, pero con el tiempo me di cuenta de que fue la causa del descontento de algunas regiones españolas. Edad y capacidad de razonar fueron las que hicieron que cambiara mi visión sobre cómo había que estudiar las cosas, no de memoria para contarlas en un examen, sino razonándolas, comprendiéndolas y relacionándolas.
Por aquella época de estudiante de instituto, entre los años 1980 y 1984, tuve la suerte de terminar en un magnífico centro público, una Universidad Laboral, donde encontré varios profesores con interés no solo de que memorizásemos, sino de que comprendiésemos las cosas y supiéramos manejarnos sin problemas en el siglo que nos tocaría iniciar, el XXI. Por ello, se creó un aula de informática en la que podíamos aprender a programar (por aquella época, si querías utilizar un ordenador, debías tener conocimientos básicos de DOS y programación). Me parecía maravilloso: no solo aprendía lo que se suponía que tenía que aprender, sino que también iba a utilizar las herramientas con las que tendría que trabajar en un futuro. Se nos decía que el uso de ordenadores iba a ser fundamental para trabajar y en nuestra vida cotidiana, pero no lográbamos imaginar de qué manera y mucho menos que iban a ocupar todos los aspectos de nuestra vida.
Acabé la universidad y me puse a trabajar en la empresa privada. Allí me di cuenta de que una formación que estuviera más dedicada a resolver problemas, indagar y obtener conclusiones me habría sido mucho más útil que la que tuve de memorizar y reproducir. También me di cuenta que los profesores que me enseñaron a pensar, razonar, indagar, obtener conclusiones y razonarlas y que dieron menos importancia a la memorización de los conocimientos para un examen fueron los que más me ayudaron y los que me dieron las enseñanzas más útiles. Incluso me acuerdo de muchas más cosas de esas materias que de las que no me quedó más remedio que "empollar". Veía que mis compañeros se quedaban estancados cada vez que se les presentaba una situación nueva cuya respuesta no tenían memorizada, si bien la solución era básica.
Cuando decidí dedicarme a la enseñanza, empecé como supongo que empiezan todos: con mucha inseguridad, dudando si lo estaría haciendo bien, reproduciendo los roles de la educación tradicional de aprendizaje y reproducción en el examen, pero muy pronto me di cuenta de que hoy en día, en educación, se podían hacer muchas cosas más. Se puede trabajar sobre proyectos, enfocando el estudio de los famosos Reinos Cristianos de una manera diferente: cada grupo de la clase puede indagar sobre uno de estos reinos, explicarlo posteriormente a sus compañeros y realizar una actividad de debate en la que tengan que llegar a acuerdos, educando de este modo en el diálogo, solución de conflictos y búsqueda de posiciones comunes. La población se puede comprender de una manera diferente a la memorización de fórmulas demográficas y explicación de patrones si cada alumno, en clase, con un ordenador o una tablet consulta con la ayuda del profesor los datos de población de un territorio y realiza un estudio demográfico de la zona. De esta forma, cuando lea los datos de natalidad, mortalidad y crecimiento, o los migratorios de una región, comprenderá rápidamente la noticia sin quedarse en el: "bueno, recuerdo que es algo que estudié en el insti". Cualquier periodo de la Edad Contemporánea se comprenderá mejor si se busca la información en los periódicos de la época, se analiza y elabora en grupo para exponerla a los compañeros, de este modo los alumnos aprenden a obtener información de un periódico y a valorar la importancia de los medios de comunicación.
Por otro lado, las nuevas tecnologías son fundamentales en nuestro día a día, especialmente en el mundo empresarial, en el que hay que preparar informes, presentaciones, infografías... ¿Por qué debemos esperar a que nuestros alumnos empiecen a trabajar para utilizar estos recursos si se pueden emplear en la escuela?
Tengo la suerte de trabajar en un instituto en el que el proyecto educativo va por este camino. No se está abandonando las clases magistrales tradicionales, pero paulatinamente se está dando más importancia al aprendizaje basado en proyectos, o en problemas (ABP), en el que se plantea al alumno un problema, se le proporcionan y explican las herramientas y él mismo, con la ayuda del profesor, tiene que indagar en los contenidos, buscar las soluciones y las conclusiones y presentarlas en un formato establecido en el que no debemos temer al uso de las nuevas tecnologías. Probablemente no estudiarán todos los contenidos que podría explicar el profesor en las mismas horas de clase, pero tampoco olvidarán tan rápidamente esos contenidos puesto que los han adquirido por la curiosidad, la indagación y la motivación de solucionar el problema.
Veo a mis alumnos aprender con esta metodología y los veo más activos, participativos y con ganas de aprender que con la tradicional. Por otro lado, para mí supone un reto, me obliga a salir de mi zona de confort que es la pizarra e indagar también cómo preparo la actividad y cómo se usan las herramientas que deben emplear, pero de este modo no enseño solo Historia, sino también a enfrentarse a los retos que tendrán en el futuro cuando salgan a trabajar.
Pero ahora, resulta que vivimos en medio de una esquizofrenia, pues las nuevas teorías de la educación, que no son tan nuevas como explicaré más tarde, están avanzando por este camino. Envidiamos el modelo finlandés por sus éxitos sin plantearnos que esta es la ruta que han seguido, queremos mejorar resultados académicos, pero no entendemos que estamos ya en el siglo XXI y que las herramientas han de ser necesariamente diferentes, que lo que valía en el siglo XX, ya no es válido y que la sociedad está demandando que la educación de nuestros jóvenes no sea solo una acumulación de conocimiento, sino prepararlos para integrarse en la sociedad. Esto estaría bien si la legislación educativa acompañara el rumbo de la sociedad, pero ahora tenemos, al final de cada etapa, una reválida en la que volvemos al sistema Moyano: acumule usted conocimientos, que cada cierto tiempo voy a ver si realmente ha memorizado usted todo lo que tenía que saber. Y es aquí donde no entiendo nada: ¿por qué no puedo dejar que mis alumnos investiguen y piensen y tengo que encorsetarlos en la repetición memorística de conocimientos? Vivimos en una educación esquizofrénica en la que la ley es del siglo XIX, pero se nos exigen resultados del siglo XXI.
Como dije, puedo trabajar en un instituto que sigue esta línea, que no es en absoluto nueva pues ya la inició D. Francisco Giner de los Ríos en el siglo XIX con la Institución Libre de Enseñanza y tiene éxito en otros países. Es un sistema de trabajo interesante, pero laborioso, aunque no difícil, pues te saca de tu zona de confort y te obliga a entrar en terrenos que no conoces, pero este sistema me permite aprender cosas nuevas, aprender de mis alumnos, equivocarme y enseñarles que cualquier persona se puede equivocar y rectificar. Se trata de un camino laborioso en el que hay que ir paso a paso, poco a poco, y no intentar cambiarlo todo en un curso, pues las clases magistrales también son necesarias, pero en este lento camino en el que quiero dar pasos seguros espero llegar al equilibrio. Un camino que he iniciado recientemente y que me gustaría continuar.
Tengo también la magnífica suerte de tener unos compañeros fantásticos con los que estoy haciendo este viaje. No voy a nombrarlos aquí, pues se me podrían olvidar algunos y no quiero ofender a nadie, pero ellos saben quiénes son. Compartimos las experiencias, buscamos colaborar entre nuestras materias, nos consultamos las dudas, nos apoyamos en las tareas que tenemos que hacer, compartimos herramientas, nos complementamos en las clases buscando una continuidad a las actividades y, al final, nuestros alumnos disfrutan de todo este trabajo y aprenden mucho más que Historia, en mi caso. ¿Por qué tenemos que coartar la curiosidad, la imaginación y las ganas de trabajar obligándoles a memorizar los contenidos y utilizando como herramientas de expresión el bolígrafo, el papel, una cartulina y unas fotos recortadas? Aunque lo mismo estoy equivocado, no sé, no creo, pero si es así, ya lo diré en este "melting pot".
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