No es cuestión de empezar explicando lo que todo el mundo conoce, que en este caso es la colonización y la descolonización, que suele concluir con una patada a la potencia en la parte más visible según se va retirando de la colonia; pero empecemos el relato en el momento en el que la colonia adquiere su independencia (en la mayoría de los casos) o su estatus pasa a ser diferente al que había tenido hasta entonces, como es el caso que hoy me está haciendo hervir la sangre. A partir de su independencia, la colonia se constituye en un estado nuevo y es responsable de su propio territorio, gestión y destino, sin que en ningún caso la metrópoli, como expresaba el incombustible político gallego en otro contexto, deba ejercer bajo ningún concepto "tutelas ni tutías" sobre la antigua colonia, sino establecer sus relaciones bilaterales como dos países independientes y soberanos, sin injerencias de ningún tipo entre ellos y respetando en todo momento las decisiones tomadas por el otro. No obstante, y éste es mi punto de vista, la antigua metrópoli siempre tiene un cierto deber moral (deber, que no autoridad) sobre la antigua colonia. Si en otros tiempos extrajo sus riquezas y formó parte de su territorio, creando de este modo unos vínculos culturales fuertes, justo es que la antigua metrópoli apoye a la antigua colonia en lo que pueda precisar, siempre que este apoyo no vaya en contra de sus valores y, hasta cierto punto, intereses, y mantenga con ella unas relaciones prioritarias y, como dije anteriormente, desde un plano de igualdad.
Tengo que reconocer que si bien este principio se cumple estrictamente con los países de Latinoamérica y Guinea Ecuatorial, la situación con el Sáhara Occidental es totalmente diferente. Después de una descolonización apresurada como consecuencia de la marcha verde, el territorio se repartió entre Marruecos y Mauritania. El segundo país se retiró del Sáhara en 1979, pero Marruecos sigue ocupándolo, dando largas a un referéndum sobre la autodeterminación que aceptó en 1981. No voy a contar aquí la situación del territorio ni la vida en los campos de refugiados, que es ya conocida de todos, pero lo que sí haré es expresar mi opinión.
Cada vez que oigo hablar del Sáhara Occidental siento tristeza y lo que podríamos llamar vergüenza porque no fuimos capaces de llevar a cabo una descolonización digna, no ya para nosotros por la manera en la que salimos de allí, que dada la situación carece de importancia, sino para el pueblo saharáui. El Sáhara Occidental es un territorio en el que Marruecos ha llevado a cabo una política de colonización desde hace años con el fin de controlar el territorio desde todos los niveles, incluido el de obtener el resultado esperado en el tan traído y llevado referéndum al crecer en el censo la población marroquí. Por otro lado, el territorio se ve sometido a todo tipo de violación de los derechos humanos, sin ningún tipo de garantía de las que gozamos en España para la población. En los últimos días estamos viendo cómo la policía ha asaltado un campamento de protesta provocando muertos, heridos, detenciones, agresiones y devastación en la ciudad de El Aaiún. La prensa internacional tiene prohibida su entrada y por parte de las autoridades marroquíes se niega todo lo que está sucediendo, hasta que una noticia logra burlar su censura y llega a la opinión pública occidental, momento en el que reconocen una parte ínfima de lo que está pasando.
Si lo que se está viviendo en estos días en El Aaiún sucediera en otro lugar del mundo, nuestro gobierno habría expresado su más enérgica protesta y el rechazo por la situación, pero al ser Marruecos, la cosa se queda en poner cara de circunstancias y pedir que se deje el acceso a la prensa mientras el Ministro de Exteriores marroquí expresa las excusas más inverosímiles. Entiendo que las relaciones con Marruecos deben ser fluidas, amistosas y preferentes. Entiendo también que Marruecos tiene la llave para evitar el tráfico de droga, la inmigración y la entrada de parte del terrorismo islamista a España, tres grandes problemas que sufrimos o podemos sufrir, pero ¿no hay ninguna manera, incluida las conversaciones con otros países aliados de ambos y más influyentes sobre Marruecos, de evitar esta actitud por parte de este país? ¿Tan poca influencia tenemos sobre el país vecino? Nos llenamos la boca en las potencias occidentales de decir que defendemos los derechos humanos en el mundo, ¿por qué Marruecos es una excepción? ¿Cómo serían nuestras relaciones con Francia si adoptáramos la actitud de Marruecos?
No entiendo, ni acepto, que se violen los derechos humanos más básicos y que todo el mundo se quede de brazos cruzados y menos aún nosotros si el territorio en el que sucede fue en otro momento una colonia nuestra (y repito, no creo que tengamos ningún tipo de autoridad ni derechos sobre las antiguas colonias, pero sí ciertos deberes hacia ellas). Deberíamos tener una posición más firme y de tolerancia cero ante estos acontecimientos, como lo tendríamos en otros lugares del mundo. Se me puede decir que proponga la solución, pero no la tengo ni es mi cometido, aunque como ciudadano estoy en mi derecho de expresar mi opinión abierta y claramente sobre todo aquello con lo que no estoy de acuerdo. La obligación de aportar soluciones no es de los ciudadanos, sino de los políticos, razón por la que los elegimos y entregamos nuestros impuestos, para que aporten soluciones imaginativas e incluso innovadoras a los problemas de los ciudadanos, bien sea de su propio país como de países ajenos, como es el caso.
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